agosto 29, 2026

San Juan del Río frente al reto de la movilidad: crecer sin colapsar

#VocesSJR San Juan del Río frente al reto de la movilidad: crecer sin colapsar

Por Redacción

San Juan del Río atraviesa una etapa de crecimiento que está modificando de manera acelerada la dinámica de sus calles. El aumento de población, la expansión de colonias, la actividad industrial y comercial, así como una mayor dependencia del automóvil, están generando una presión creciente sobre una infraestructura vial que en varios puntos ya opera cerca de sus límites.

El fenómeno no es nuevo. Entre 2010 y 2020, la población municipal pasó de 241 mil 699 a 297 mil 804 habitantes, un crecimiento de alrededor de 23 por ciento en una década. Además, el Censo 2020 reportó que 54.4 por ciento de las viviendas disponían de automóvil o camioneta.

La consecuencia es visible en horas pico: mayores tiempos de traslado, saturación de cruceros, conflictos entre vehículos y peatones, estacionamiento irregular y una presión cada vez mayor sobre los principales corredores de conexión.

Una ciudad que crece, pero con vialidades bajo presión

La rehabilitación de Paseo Central es un ejemplo claro de la magnitud del problema. En 2025, el municipio reportó un aforo de hasta 8 mil vehículos diarios en esta avenida, cuya vida útil había llegado a cerca de 20 años. La intervención incluyó pavimentación, pasos peatonales y espacios de espera para motocicletas y bicicletas.

Pero reparar una avenida no resuelve por sí mismo el problema estructural.

San Juan del Río necesita avanzar de una lógica de “arreglar calles” a una política integral de movilidad. El propio municipio reporta que 53 por ciento de su presupuesto de obra del cuarto año fue destinado a movilidad, con acciones en pavimentos, banquetas, cruces peatonales, señalamiento e infraestructura vial. También señala la colocación de más de 52 mil metros lineales de pintura, 316 señalamientos y 164 cruces peatonales.

Es decir, existe inversión en infraestructura; el siguiente desafío es conseguir que esa infraestructura sea respetada y utilizada correctamente.

El otro problema: la conducta detrás del volante

Uno de los aspectos menos discutidos de la crisis vial es la educación y cultura de movilidad.

En San Juan del Río conviven conductores que respetan los semáforos, los cruces peatonales, los límites de velocidad y el derecho de paso, con otros que invaden cebras peatonales, realizan vueltas indebidas, bloquean intersecciones, estacionan en lugares prohibidos, rebasan sin precaución o utilizan el teléfono mientras conducen.

Esta conducta no solamente genera tráfico; también aumenta el riesgo de lesiones y muertes.

La gravedad queda reflejada en los datos recientes: de enero a julio de 2026 se contabilizaron 33 personas fallecidas en accidentes de tránsito en San Juan del Río, frente a 36 durante el mismo periodo de 2025, de acuerdo con información atribuida al SESNSP.

La cifra merece atención porque detrás de cada número existe una persona, una familia y un impacto social que va mucho más allá del accidente.

Además, el propio Ayuntamiento reconoce la necesidad de reforzar los operativos y la educación vial. En su informe municipal señala que se han impulsado acciones de educación vial y modernización de cruces.

No todo congestionamiento se resuelve con más carriles

Una de las principales conclusiones de cualquier análisis moderno de movilidad es que construir más infraestructura para automóviles no necesariamente elimina el congestionamiento.

San Juan del Río requiere una estrategia que considere simultáneamente automóviles, transporte público, motocicletas, bicicletas y peatones.

El problema se vuelve más complejo por factores externos. Las obras del Tren México-Querétaro y los trabajos en la carretera México-Querétaro, particularmente en la zona de Palmillas, han generado afectaciones adicionales al tránsito local y obligan a establecer rutas alternativas y operativos especiales.

Por ello, el municipio no solamente necesita reaccionar ante cada obra o embotellamiento; necesita anticiparse a ellos mediante información, planeación y gestión del tránsito.

¿Qué puede hacer San Juan del Río?

La solución debe construirse en varios frentes.

Primero, educación vial permanente. No basta con campañas ocasionales. La enseñanza debe comenzar en escuelas y continuar con quienes tramitan licencias, conductores del transporte público, motociclistas, repartidores y automovilistas particulares. El marco reglamentario municipal contempla precisamente programas de educación vial dirigidos a estos sectores.

Segundo, vigilancia inteligente. La autoridad debe concentrar operativos en los puntos y horarios con mayor incidencia de infracciones y siniestros. No se trata de sancionar por recaudar, sino de modificar conductas peligrosas: exceso de velocidad, invasión de pasos peatonales, estacionamiento indebido, uso del celular y conducción agresiva.

Tercero, priorizar al peatón. Una ciudad segura no puede medir su éxito únicamente por la velocidad de los automóviles. Cruces seguros, banquetas continuas, iluminación adecuada, rampas accesibles y tiempos semafóricos suficientes son elementos fundamentales.

Cuarto, mejorar la gestión de las intersecciones. Muchos congestionamientos no requieren una gran obra, sino una mejor sincronización semafórica, señalización visible, prohibiciones de estacionamiento y presencia vial en horarios críticos.

Quinto, fortalecer el transporte público. Mientras las familias perciban que el automóvil particular es la única opción confiable para desplazarse, el crecimiento del parque vehicular continuará presionando las calles.

Sexto, crear un sistema municipal de datos de movilidad. San Juan del Río debería identificar, con información pública, los cruceros con más accidentes, los puntos con mayor congestionamiento, las vialidades con mayor velocidad promedio y los horarios de mayor demanda. La movilidad debe gestionarse con evidencia y no solamente con percepción.

La responsabilidad es compartida

También sería un error atribuir toda la problemática al gobierno.

La autoridad tiene la obligación de ofrecer infraestructura segura, señalización adecuada, transporte eficiente y vigilancia. Pero los ciudadanos tienen una responsabilidad igualmente importante.

Respetar un semáforo no es una cortesía; es una regla básica de convivencia. Detenerse antes de un paso peatonal no es un favor al peatón; es parte de la seguridad vial. Reducir la velocidad en una zona escolar no es perder tiempo; es evitar una tragedia.

El problema aparece cuando cada conductor comienza a interpretar las normas según su conveniencia.

Un automovilista puede pensar que “solo unos segundos” estacionado en doble fila no afectan. Otro puede considerar que avanzar con el semáforo en amarillo es aceptable. Otro puede invadir un cruce porque “no hay peatones”. Multiplicadas esas pequeñas decisiones por miles de vehículos todos los días, el resultado es una ciudad más lenta, más conflictiva y más peligrosa.

El reto para San Juan del Río

San Juan del Río no necesita solamente más calles. Necesita mejor movilidad.

El crecimiento urbano continuará y la actividad económica seguirá atrayendo viajes. La pregunta es si la ciudad será capaz de ordenar ese crecimiento antes de que la congestión y los siniestros se conviertan en una parte permanente de la vida cotidiana.

La infraestructura es indispensable, pero no suficiente. La tecnología puede ayudar, pero tampoco sustituye la responsabilidad. Los operativos son necesarios, pero tampoco funcionan solos.

La verdadera transformación llegará cuando autoridades y sociedad entiendan que la movilidad es un sistema en el que cada decisión cuenta.

Porque una ciudad moderna no es aquella donde los vehículos circulan más rápido, sino aquella donde las personas pueden llegar a su destino de manera segura, eficiente y digna.

San Juan del Río todavía está a tiempo de construir ese modelo, pero para lograrlo tendrá que combinar inversión, planeación, transporte público, infraestructura peatonal, tecnología, vigilancia y, sobre todo, una nueva cultura vial.

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