Por; Jaime Sánchez Correa
En todo el mundo hay montañas muy altas, tan altas que es imposible escalarlas y llegara a la cima, pero hay dos seres vivos que les es posible llegar, uno de ellos es el águila y el otro la serpiente, seres tan conocidos por su forma de ser que hasta en nuestro Escudo Nacional aparecen, y siempre quien sale triunfante es el águila.
El águila vuela alto, muy alto, tan alto que rebasa a la cima o cordillera más alta, pero llega con inteligencia buscando algo bueno como es el anidar en las alturas, con su aguda vista busca animales que les servirán de alimento, con sus garras los atrapa vuela a las aturas la suelta y después las devora, y sigue en lo alto siempre positiva y altiva dispuesta a defenderse de cualquier ataque.
Para ella llegar a las alturas es fácil, para eso nació, sin embargo siempre se tiene que cuidar de peligros como son otras aves carroñeras que esperan cualquier oportunidad de atacar con el afán de destruir, pero el águila siempre será eso muy “águila” muy viva para estar lista para cualquier ataque, nunca debe confiarse, debe tener más águilas aliadas y de confianza.
Esto me recuerda a un municipio queretano que se me asemeja una montaña muy alta, llena de peligros en donde un águila logró llegar a la cima y ahí permanece sufriendo de todo, intrigas, traiciones, aguantando quizá por algún compromiso, chismes, malas lenguas, etc, etc.. Y encontró un nido en donde acuden a él muy pocas águilas para apoyarlo y acompañarlo en las buenas y en las malas, pues ese lugar está lleno de serpientes que ya se empiezan a arrastrar para llegar a la cima de esta montaña, quieren vencer al águila, pero seguramente ésta con sus poderosas garras los llevará a las alturas y las arrojará al vacio, pues quien se arrastra no pasará del suelo.
Tal vez arrastrándose llegue a la cima, pero corre el riesgo de que otra águila se la trague, hay que recordar que las serpientes son venenosas y traicioneras y no se saben más que arrastrar tratando siempre de ganarle al águila. Pero también hay otras formas de acabarlas, con inteligencia.
Esa montaña ficticia es mi querido Amealco y mi águila es Oscar Pérez, y sus águilas aliadas y buenas son pocas y contadas, serpientes rastreras tiene muchas que ya se empezaron a arrastrar buscando otro refugio donde puedan llegar a más altura y seguir haciendo daño.
Pero esas serpientes rastreras también se matan a varazos, o lo que es peor, entre ellas mismas y que recuerden, a un águila no se la traga una serpiente y el águila es especialista en eso, así que ¡aguas! lambiscones, traidores, oportunistas y los que se sienten lo que no son, inclusive se sienten más que el patrón. Saludos mis águilas.

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